Barreras invisibles: cuando las diferencias se convierten en desigualdad

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Los estereotipos de género muchas veces aparecen como naturales e inofensivos. Repetimos frases sin pensar demasiado, como si fueran una verdad incuestionable:

  • «Las niñas son más responsables y los niños son más inquietos»
  • “Las niñas son lindas y los niños valientes”
  • “Las niñas son mandonas y los niños tienen carácter”

Estas repeticiones, muchas veces inconscientes, van dibujando límites y barreras invisibles en niños y niñas, que van aprendiendo acerca de cómo comportarse, qué pensar y qué sentir para lograr la aceptación de su entorno cercano y afectivo. 

La socialización es el proceso a través del cual ingresamos a un nuevo entorno social, aprendiendo sus normas, valores y conductas esperadas. En el caso de las infancias, la socialización está guiada principalmente por la familia, la escuela y cada vez con más presencia por las plataformas digitales. 

En la socialización el aprendizaje ocurre observando, escuchando y sintiendo, lo que acontece en el entorno, internalizando patrones de conducta y estereotipos asociados. Por ejemplo, así aprendemos quiénes ocupan los espacios de liderazgo, quiénes cuidan, qué profesiones o formas de expresar las emociones parecen pertenecer solo a un género.

Encontramos estas diferencias en los cuentos que leemos, en los juguetes que elegimos, en las imágenes que vemos y en las historias que contamos.

La socialización diferenciada por género, es decir las maneras distintas en que niños y niñas ingresan al mundo social, es parte de una herencia cultural que hemos recibido y que seguimos reproduciendo casi sin darnos cuenta. Lo hacemos en la familia, en la escuela, en las universidades y también en los medios de comunicación. 

En este punto cabe preguntarse, ¿Es mala la diferencia? Y la respuesta es un rotundo no. La diferencia nos enriquece y tiene un valor importante, en las sociedades y en la naturaleza en general. El problema es cuando la diferencia se vuelve desigualdad.

Una niña que escucha constantemente que debe ser cuidadosa puede aprender a no correr riesgos. Un niño al que se le enseña que debe ser fuerte puede aprender a esconder sus emociones. Una adolescente que recibe más comentarios sobre su apariencia que sobre sus capacidades puede comenzar a dudar de su propio valor. Un joven que aprende que cuidar a otros «no es cosa de hombres» puede crecer sintiendo que esa tarea no le corresponde.

La historia nos enseña que prácticas y valores que en algunas épocas parecían “normales” hoy resultan absurdos. Como por ejemplo pensar que las mujeres no debían estudiar en la universidad ni tampoco votar y que los hombres carecían de “condiciones naturales” para ejercer el cuidado de otras personas. Hoy sabemos que la biología no es una limitante para desarrollar nuestra inteligencia ni tampoco nuestra empatía. Hombres y mujeres tenemos ambas potencias.

Quizás el mayor desafío de la educación no sea entregar respuestas, sino abrir preguntas. ¿A quiénes mostramos como protagonistas de la historia? ¿Qué voces escuchamos con mayor atención? ¿Qué comportamientos premiamos y cuáles corregimos? ¿Qué oportunidades estamos ampliando y cuáles estamos cerrando? 

Una educación que amplía las posibilidades permite que una niña pueda imaginarse científica, ingeniera, deportista o presidenta sin sentir que está ocupando un lugar que no le corresponde. Permite que un niño pueda cuidar, expresar sus emociones, pedir ayuda o elegir una profesión vinculada al cuidado sin tener que demostrar que no es menos hombre por hacerlo.

Una educación que busque ir más allá de los estereotipos de género se construye a partir de gestos cotidianos, de autorreflexión permanente y revisión de las propias prácticas como personas adultas. Para que el cuidado sea una responsabilidad compartida, más allá del sexo con el que nacimos. Para que la diversidad de formas de vivir, sentir y construir nuestras vidas no sea una excepción, sino parte de lo que entendemos por humanidad.

Dra. Cecilia Baeza-Correa, Antropóloga. 

Docente universitaria en Estudios de Género

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