La educación emocional y el aprendizaje socioemocional se han convertido en herramientas fundamentales dentro de muchas escuelas chilenas, especialmente frente al aumento de problemas de convivencia, ansiedad y dificultades de salud mental en niños, niñas y adolescentes. Ante esta realidad, surge una pregunta importante: ¿puede un estudiante aprender adecuadamente si se siente inseguro, triste o emocionalmente solo dentro de la escuela?
Diversos estudios universitarios y organizaciones educativas han señalado que el bienestar emocional influye directamente en la capacidad de aprender, relacionarse y participar dentro de la comunidad escolar. Por ello, cada vez más establecimientos están incorporando estrategias como espacios de conversación, educación emocional, mediación de conflictos, actividades artísticas, mindfulness y acompañamiento socioemocional cotidiano. ¿Crees que estas actividades podrían cambiar el ambiente dentro de una sala de clases?
Una investigación desarrollada por la Pontificia Universidad Católica de Chile concluyó que el clima escolar positivo y el bienestar socioemocional se relacionan con un mejor rendimiento académico y una mayor disposición al aprendizaje. El estudio destaca que factores como la autoestima, las relaciones entre compañeros y el sentido de pertenencia influyen significativamente en el desempeño de los estudiantes.
En la misma línea, investigadores de la Universidad Católica de Temuco plantean que la educación emocional no debería trabajarse solo en momentos aislados, sino integrarse de manera permanente en la cultura escolar y en las prácticas pedagógicas diarias. Según los especialistas, enseñar a reconocer emociones, escuchar a otros y resolver conflictos también forma parte del proceso educativo. Entonces, ¿la escuela debería enseñar únicamente contenidos académicos o también habilidades para convivir y cuidar la salud emocional?
Las cifras recientes también muestran la urgencia de este tema. Según datos difundidos por la organización Good Neighbors Chile, durante 2025 se registraron más de 22 mil denuncias en la Superintendencia de Educación, y más de 17 mil estuvieron relacionadas con convivencia escolar. Esto representa un aumento cercano al 22% respecto al año anterior. Frente a estos datos, muchas comunidades educativas se preguntan cómo construir espacios más seguros, respetuosos y empáticos para niños y adolescentes.
Algunas escuelas chilenas ya han comenzado a mostrar resultados positivos tras implementar programas socioemocionales de manera constante. Uno de los casos destacados es el Colegio Arturo Prat, reconocido entre los 12 mejores colegios del país en convivencia escolar.
El establecimiento, fundado en 1982 y con cerca de 900 estudiantes, ha desarrollado estrategias enfocadas en fortalecer las relaciones humanas, el acompañamiento emocional, la participación estudiantil y el sentido de pertenencia escolar. Según lo informado por la comunidad educativa, esto ha contribuido a disminuir conflictos, mejorar el clima dentro de las salas y fortalecer el vínculo entre estudiantes y profesores. ¿Cómo cambiaría la experiencia escolar de muchos estudiantes si se sintieran más escuchados y comprendidos diariamente?
Especialistas coinciden en que los estudiantes que se sienten seguros, escuchados y emocionalmente acompañados desarrollan una mejor disposición para aprender, participar y convivir con otros. Por ello, la educación emocional comienza a ser vista no como un complemento, sino como una parte esencial de la educación actual. Tal vez la gran pregunta sea: ¿qué tipo de escuela necesitan hoy los niños y jóvenes para aprender y desarrollarse plenamente?
Jessica Ortega Palavecinos
Docente y escritora



